¡Cómo duele la verdad!

Todos estamos de acuerdo en que las mentiras son horribles.

Cristianos y no cristianos alrededor del mundo nos unimos a una sola voz para expresar nuestro rechazo a ellas.

Por eso, juramos en nuestros tribunales decir la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad.

Pero, incluso el más conservador acepta sus excepciones.

¿Cómo me queda este vestido?

¿Se me ve bonito este corte de cabello?

¿Estoy gordo?

Eh…

Mentiras blancas las llamamos.

¡Porque las usamos para el bien! No queremos lastimar al otro.

Si la verdad va a dolerle… mejor la guardamos un rato más.

Un incidente así me pasó hace algún tiempo.

Estaba en el liceo y había una exposición de maquetas en la cancha.

Una jovencita llegó apurada porque se le había hecho muy tarde. Se reunió con su grupo que 1) No la ayudó en nada con el trabajo y 2) Le reclamaba por su impuntualidad.

Le criticaron tanto la maqueta que la jovencita se fue al baño a llorar.

Ahí la encontré, muy triste.

Me contó todo entre lágrimas: sus compañeros menospreciaron su esfuerzo y hablaron mal de ella hasta que no pudo soportarlo más.

Salimos juntas hasta la mesa donde había dejado la maqueta, me la iba a mostrar para que le diera mi opinión. Entonces, la vi.

¡Era terrible!

Los flojos de sus compañeros tenían razón.

Pero, yo no le podía decir eso. Estaba llorando. La iba a destruir más.

Así que le mentí: “no está mal”, le dije.

En eso un profesor iba pasando por allí, vio la maqueta y prácticamente gritó:

“¿Qué es eso tan feo?”. (O algo así).

“¿Cómo puede hablar así? ¡No está fea!”, respondí yo (pero, claro que lo estaba).

Entonces, el profesor me miró y dijo esto que nunca voy a olvidar:

 

“No le digas que se ve bien solo para que se sienta mejor. Dile la verdad y ayúdala a que realmente se vea bien”.

 

Eso fue lo que él hizo. Se sentó con la muchacha e hizo lo que pudo por su trabajo.

¿Estaba yo pensando en la joven cuando le dije que la maqueta lucía bonita?

¡No! Pensaba solo en mí. No quería lidiar con la incomodidad de sus lágrimas ni deseaba ayudarla. Era más fácil fingir que no había ningún problema, pero eso no es amor.

Más te quiere tu amigo cuando te hiere que tu enemigo cuando te besa (Proverbios 27:6).

Llegará el momento en que tendrás que ver a tu amigo a los ojos y expresarle con cariño y firmeza: “tu maqueta está fea, ¡vamos a ponerla más bonita! Yo estoy contigo en eso”.

Digamos la verdad en amor cuando nos corresponda y ayudemos a nuestro prójimo a presentar… un trabajo excelente.


2 thoughts on “¡Cómo duele la verdad!

  1. Esta excelente este ppst , ojalá y todo podríamos decei la verdad y ayudar, pero es muy muy muy difícil porque no queremos herir a los demás.

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