Marta, Marta

Hace poco escuché una prédica del pastor y famoso escritor, Max Lucado.

Estaba hablando de las hermanas María y Marta. ¿Conoces su historia?

En realidad, hay varias con ellas porque eran íntimas de Jesús junto con su hermano, Lázaro, pero en esta oportunidad se refirió a la de Lucas 10:38-42.

Aquí Lucas nos cuenta cómo Marta invitó al Maestro a su casa y María se sentó a Sus pies en tanto su hermana se “atareaba con sus muchos quehaceres” (Lucas 10:39).

Soy María y soy Marta al mismo tiempo

Audrey Assad

María entendía muy bien la situación: la Sabiduría de Dios estaba compartiendo un mensaje en privado para su familia.

Marta, por otro lado, se atribulaba procurando que todo fuese ideal; simplemente algo menos que “perfecto” no estaba permitido (¿se te parece a alguien?).

La comida tenía que estar en su punto. Todo en orden. La vajilla finamente colocada en la mesa porque tenía un Mesías como invitado.

¡Su reputación como anfitriona estaba en juego!

Me siento a sus pies pero muero por ser reconocida

Audrey Assad

No se le ocurrió nunca que lo más importante no era la impresión que causaba su casa o su comida sino la presencia de Jesús y su mensaje.

No podía tolerar que María estuviese muy relajada mientras sus labores se le escapaban de las manos.

Las cosas no estaban saliendo como lo había planeado y la perezosa de su hermana tenía la culpa por no ayudarla.

Soy el retrato mismo de la dicha, pero estoy insatisfecha

Audrey Assad

“¡La sopa no está lista!”, dice Marta entre dientes

“¿A quién le interesa la sopa? ¿Escuchaste lo que el Maestro está diciendo?”, piensa María pero no se atreve a decirlo porque conoce el carácter de su hermana.

¿Por qué es tan fácil trabajar y tan difícil descansar a veces?

Audrey Assad

Nos embriagamos con nuestra propia importancia, dice Max Lucado; creemos que el éxito de la cena depende del esfuerzo que hacemos, estamos seguros de que todo se trata de la comida que preparamos cuando, en realidad, esta es solo una excusa para escuchar las palabras de Jesús.

¿Marta, Marta?

¿Estás afanada y turbada por muchas cosas?

¿El peso de probarte a ti misma es demasiado?

Quizás no todo resulte como lo planeaste. Es probable que cada detalle no esté listo a tiempo y nadie te aplauda esta vez, pero ¿podría ser que eso no sea lo más importante en la vida?

¿Es posible que haya algo más necesario que el reconocimiento de la gente?

Lo sé, cuesta creerlo.

Pero, quizás, solo quizás, esta vez no dependa de nosotros que la velada sea especial, ni recaiga sobre nuestros hombros la responsabilidad de impresionar a nadie. Puede que esta vez el verdadero protagonista sea Jesús… entonces podremos sentarnos a escucharlo y descansar.


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