Era la fama a quien yo anhelaba

Dios nos conoce.

Mejor aún, Dios te conoce.

Él sabe lo que dices, Él sabe lo que callas; conoce tus miedos, tus dudas, tus necesidades y tus luchas mejor que tú mismo porque escudriña hasta lo más profundo de tu ser. (Proverbios 20:27)

Tú no eres una sorpresa para tu Padre Celestial.

Cuando hablas con Dios, Él escucha tus palabras, pero entiende qué hay detrás de ellas realmente.

El Señor ha visto tus lágrimas y sabe la verdadera causa de ellas; ha comprendido con claridad tus sonrisas, las sinceras y las fingidas.

¿Qué tal? ¿Te sientes expuesto?

No puedes ocultarle nada. Nunca.

Nosotros, por otro lado, no nos conocemos así de bien. Nos ocultamos verdades porque no entendemos qué hacer con ellas; enfrentarlas es muy difícil. Les ponemos máscaras a nuestros malos motivos y razonamos lógicamente para justificar el egoísmo y la avaricia.

En este contexto, mantener una relación con el Dios vivo resulta bastante peligroso para cualquier falsedad porque Él espera que nos expongamos a la luz por completo y veamos quiénes somos, hasta los rincones más oscuros del alma.

Por esa razón, supongo, T.S. Eliot escribió en una ocasión: “Oh alma mía… prepárate para aquél que sabe hacer preguntas”.

Cuando Dios te confronta para que te veas todo lo que Él ve, puede ser desgarrador al principio, pero abre el camino para mucha libertad.

Duele a veces, pero es un buen dolor.

El cantante cristiano, Alex Campos, también se ha encontrado cara a cara con quien sabe hacer las preguntas, por eso en la canción “Busco” reconoció esta dura realidad de sí mismo:

Yo te buscaba y no encontraba
Buscaba el brillo de tu mirada
Sin darme cuenta me equivocaba
Era la fama quien yo anhelaba…
No fue tu amor el que buscaba

En su carrera como adorador tenía el enfoque totalmente desviado sin saberlo; creía que Dios era su principal motivación cuando solo usaba Su nombre para hacerse grande.

Asimilar esa verdad en su interior debió de haber sido trágico en el momento, estoy segura, pero confesarlo dio paso a un proceso de cambio genuino cuyo resultado fue una búsqueda sincera del Señor.

Hoy que encuentro, hoy que te siento
No perderé este privilegio
Serás mi amor, serás mi todo
Tú mi Señor, Tú mi socorro

Dios nos conoce.

Mejor aún, Dios te conoce; y Él quiere que te conozcas a ti mismo.
Puede ser doloroso, te confieso, pero profundamente liberador porque constituirá el primer paso hacia un mejor lugar. Uno sin nada que ocultar.

Dile hoy: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón… ve si hay en mí camino de perversidad y guíame en el camino eterno” (Salmos 139:23-24).

Y prepara esa alma tuya para aquél que sabe hacer las preguntas.



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