Temporada: invierno

Según Jesús Adrián Romero, los cristianos vivimos estaciones o temporadas en nuestra fe.
 
Si es así, creo que desde febrero de este año hasta hace unas pocas semanas, atravesé la más larga primavera espiritual de mi vida.
 
En los términos más cristianos posibles, fue todo un avivamiento interior. Me sentía absolutamente absorbida por el Señor, mi Dios, y por su perfecta majestad.
 
¿Qué me pasó?
 
No tengo ni idea, pero hace días que no veo la primavera.
 
Generalmente, en momentos de adoración, nadie tiene que decirme qué hacer, yo puedo saltar, aplaudir y elevar mis manos hasta que parezca que se me van a desprender del cuerpo.
 
Sin embargo, estos últimos días siento que llevo 3 toneladas en cada brazo.
 
Resumen de mi tiempo devocional: ojos secos. Bostezos. Falta de entusiasmo.
 
He atravesado por esto antes y simplemente no me acostumbro a la idea. No quiero hacerlo.
 
Entiendo que momentos así llegan, se van, vuelven: no permanecen; los veranos y las primaveras, tampoco. Todo pasa.
 
Por eso, cuando lo emocional en mí se va de vacaciones, significa un desafío, no lo niego, pero también una excelente oportunidad para que mi fe se fortalezca.
 
Es en esta condición y no en otra que puedo decir: Jesús es mi Dios y yo lo adoro porque Él se lo merece aunque no sienta salir corriendo por las paredes.

Me siento a orar aunque no quiera hacerlo. Quizás, especialmente porque no quiero hacerlo.
 
Leo la Biblia porque son palabras de vida, incluso si no me emociono por ello en este momento.
 
Esto no se trata de lo que yo pienso, quiero o siento, se trata de lo que Él piensa, quiere y siente.
 
Así me tenga que llevar arrastrada hasta las puertas de la Iglesia, mi voz, mi servicio y mi canción no se apagarán. Incluso si este invierno parece el más el frío de todos.
 
Esta es mi ofrenda a Dios. Este es mi culto racional.
 
¿Qué hacemos los creyentes cuando vivimos sequías espirituales?
 
Hacemos lo mismo que antes de la sequía:
 
Cerramos la puerta, oramos a nuestro Padre, vamos a nuestras Iglesias, leemos nuestras Biblias, compartimos nuestra Fe, elevamos nuestras manos, escribimos en nuestros blogs, servimos en nuestros ministerios, bendecimos nuestros alimentos y escuchamos las prédicas de nuestros pastores.
 
En tiempos de gran necesidad, continuamos con nuestras disciplinas espirituales diarias con o sin sentimientos que nos respalden.
 
Hasta que el invierno pase y la primavera vuelva, o incluso si nunca vuelve, le demostraremos con acciones a nuestro Dios que no aceptamos la invitación a Su gran salón de baile por nuestras emociones, sino por la absoluta e inconmovible verdad de quién es Él y de lo que ha hecho por nosotros.
 
Siguiente parada: una fe más madura, un servicio más entregado, una adoración más genuina. ¡Para vivir con todo la próxima primavera!


2 thoughts on “Temporada: invierno

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