Natacha, Natacha…

“Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas”

Lucas 10:41

A veces me pregunto, ¿habrá alguien más parecido a Marta que yo?

Generalmente esa frase dicha por Jesús me queda bastante bien.

“Natacha, Natacha…”

Ya sé, ya sé.

Tengo que calmarme. Confiar. Sentarme a los pies de mi Maestro y descansar en Él.

¡Pero hay tantas cosas que hacer, Señor! ¡Tanto que lograr!

Muchas metas que alcanzar.

Trabajar. Estudiar. Escribir. Leer. Pasar tiempo con Dios, con la familia. Ir al odontólogo. Visitar a ese amigo.

¡No puedo quedarme estancada! Tengo que hacer algo, de lo contrario nada pasará.

“Natacha, Natacha…”

Ya sé, ya sé.

Lo más reciente en este aspecto me sucedió unas semanas atrás.

Estaba martirizada (jaja, de “Marta”, ¿entiendes? Ok, sigo) porque requiero de ciertos recursos de diferente índole para trabajar en un proyecto.

Hasta ahora, me han prestado lo necesario pero no es algo con lo que pueda contar con seguridad todo el tiempo.

Entonces, sí, empecé: “necesito buscar una forma de conseguir esto lo más pronto posible”, “¿cómo voy a hacer cuando no se pueda?”, “no puedo andar así toda la vida”, “debo encontrar la manera ya”.

“Natacha, Natacha…”

¿Qué? ¿Estoy preocupada y me inquieto por demasiadas cosas? ¿Otra vez?

En serio, si yo fuese Dios ya me habría rendido conmigo; pero, doy gracias porque ese no es el caso.

Esa misma noche una amiga me envió este mensaje:

“Aborda los problemas de hoy con la fuerza de hoy. No comiences a abordar los problemas de mañana hasta mañana. No tienes la fuerza de mañana aún. Tienes suficiente para hoy”.

Max Lucado

Cuando mañana no tenga las opciones que tengo hoy, Dios proveerá otras si me quiere en el asunto.

Demuestro muy poca confianza en mi Padre Celestial si me afano tratando de garantizarme la solución del día siguiente, como diciendo: Dios no me va a cuidar más adelante.

No se trata de que no planifiquemos ni hagamos lo posible por prever para el futuro, pero dar vueltas en círculos angustiados porque debemos resolver hoy nuestro mañana, bueno, no es lo que Dios tiene en mente para nosotros.

El Señor que está a mi lado hoy, tiene mi futuro en Sus manos; eso debería bastarme para sentarme a Sus pies y descansar.

Quizás, así mi Maestro pueda decir de mí como dijo de María:

“Natacha ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar”

Sí, eso quiero. Seguro tú también.


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