Así que no eres perfecto…

Las debilidades, el pecado y las equivocaciones son muy poco tolerados entre nosotros los perfectos y puros de corazón.

Nos ofenden.

Si caes en una inmoralidad demasiado escandalosa, espera por nuestros comentarios sin misericordia; seguro llegarán porque muchos tenemos las piedras listas para lanzárselas a las rameras de este siglo.

Predicamos acerca del perdón pero cómo nos cuesta ofrecerlo a quienes han manchado públicamente su santidad.

Tus  faltas, aún más las graves, deben siempre pertenecer a un pasado lejano, todos lo saben. ¡Nada de caer una vez que has sido restaurado!

Claro, esto nunca lo escucharemos dicho así. Nadie lo admitirá de esa manera. Pero en la práctica pasa. Pasa mucho.

Uno de mis predicadores favoritos, cuya fama iba en aumento por su hermoso y constante mensaje acerca de la obra terminada de Cristo en la cruz, recientemente confesó haber caído en adulterio luego de 20 años de matrimonio.

Ya sabes lo que vino: ¡escándalo!

Nada más y nada menos que adulterio, el arruina-ministerios-internacionales por excelencia.

Difícilmente verás a una figura pública cristiana regresar a donde estaba después de esto.

Te la encuentras luego de unos años con su familia restaurada, pero casi nunca con el mismo auge.

Habrá sus excepciones, claro, pero pocas.

Este predicador en particular sabía lo que significaba esa confesión y aún así la hizo frente a su inmensa congregación: renunció al pastorado, cancelaron su conferencia anual, le quitaron sus credenciales y borraron todas sus prédicas de la página de la Iglesia por la enorme cantidad de comentarios negativos en contra de él y de su familia (escritos por gente muy segura de nunca caer en eso, obviamente, y a quienes les deseo mucha suerte, de verdad).

El protocolo es sencillo, todos los cristianos lo conocemos, hemos pasado por esto otras veces: el pastor debe desaparecer y solo regresar cuando esté fuerte y su familia brille en santidad de nuevo.

Consejería en secreto. Vida bajo perfil. Renovación de las fuerzas. No salir a la luz. 

Un problema: el pastor no sigue el protocolo.

Su presencia en las redes sociales se mantiene. Concede entrevistas. Sigue hablando.

¡No!

“Debes callarte. Debes desaparecer. Debes ser fuerte para hablar otra vez”, yo pensé, yo dije.

Sin embargo, no cede. El pastor se niega a esconderse.

¿La razón? Léela de su parte:

 “Para ser honesto, quiero meterme en un hueco y vivir anónimamente por un largo, largo tiempo. No quiero un escenario, una plataforma, luces o un micrófono. Quiero desaparecer. La mayor parte de los días, nada me parece más atractivo que desvanecerme.

Pero este es el problema: realmente creo en el mensaje que he predicado con todo en mí (el cual necesito hoy más que nunca). Si solo te dejara verme cuando soy “bueno” y “fuerte”, “limpio” y “en la cima”, minaría el mismo mensaje que he proclamado durante años.

Me siento tentado a esconderme hasta que “brille” otra vez; pero, si huyo porque no quiero que me veas débil, molesto, triste y roto, luchando con el temor, la culpa y la vergüenza, fallaría en poner en práctica lo que digo – y una de las tantas cosas que he aprendido de esto es que fallar en practicar lo que predicas es destructivo”.

Una iglesia famosa le dio trabajo a este ex-pastor como miembro de un ministerio de ayudas.

“¿¡Cómo se atreve esa iglesia!?”, se preguntaron los perfectos. “¡No está en condiciones de servirle al Señor!”.

No soy quién para decirlo, la verdad. Yo misma he servido al Señor en condiciones poco menos que aceptables.

La restauración de este pastor no está completa, es un proceso, y él está dispuesto a exponerlo públicamente para testimonio de que Dios lo ama en su momento más oscuro, con la esperanza de que sepamos que eso es verdad para nosotros también.

Su propósito es que los demás lo vean y digan: “si hay misericordia para él, que después de estar en la cima terminó comiendo con los cerdos; quizás también la haya para mí”.

 

También la hay.

Dios no ha terminado con nosotros aunque los perfectos sí.

Otros nos desechan, pero Él no.

¿Esto es una regla que todos los pastores deben seguir de aquí en adelante?

Quizás no.

Sin embargo, admiro a este pastor por hacer lo más difícil, por permitirnos verle en su momento más terrible y decirnos: he tocado fondo y aún aquí encontré gracia de Dios.

 ¿Método poco convencional? Absolutamente.

Pero llegó, Tullian, llegó.


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