El gran anhelo

En realidad, no estoy muy segura de cómo ponerle palabras a esto, pero francamente lo intentaré porque me parece extraordinario:

Tu alma anhela más de lo que este mundo puede ofrecer

Piensa en algo que te guste o quizás te apasione mucho, digamos la música, la lectura, el deporte, las películas o algo por el estilo.

¿Lo pensaste?

Cuando estás viviendo esa pasión, te sientes completo, vivo y plenamente satisfecho. Todo es perfecto… hasta que se acaba.

Porque siempre se acaba.

De alguna manera, tú y yo quisiéramos capturar la belleza que nos transmite esa pasión y unirnos a ella, pero se nos escapa de las manos.

Me pasó recientemente cuando terminé una serie de libros llamada “Christiansen family” (La familia Christiansen).

Estaba leyendo el último de la saga y me entregué muchísimo a la historia, la disfrutaba inmensamente; por eso, cerca del final, comencé a sentir nostalgia, un poco de tristeza porque el gozo leerla se acabaría pronto.

No me malinterpretes, no iba lanzarme de un edificio ni nada, tampoco sonó música depresiva en mi mente; pero, estarás de acuerdo conmigo en que hay una sensación de pérdida en tu interior cuando acabas algo que en verdad te gusta, incluso si es un libro.

Algo similar lo he escuchado de quienes aman la música. En ocasiones, el placer que transmite una buena melodía, una letra bien lograda, un acorde propiamente elaborado, es demasiado sublime y no quisieran que se terminara.

De alguna manera, sentimos que contemplar la belleza no es suficiente, queremos, si es posible, unirnos a ella, fusionarnos y convertirnos en uno solo.

Escuchar o leer por un momento no es suficiente. Queremos más de aquello. Más y más.

¿Muy filosófico?

Quizás, pero, ¿te ha pasado?

Al final de una serie que viste en tu niñez. En el último partido de ese gran torneo. En ese viaje inolvidable.

Seguro experimentaste ese sentimiento de “quiero vivirlo otra vez y otra vez”, “no quiero que acabe nunca”.

Allí, hablamos del sublime anhelo de ser parte del gozo y la belleza.

En este mundo, tal deseo nos saluda pero no nos da la bienvenida, dice C.S. Lewis. Simplemente apunta hacia una Gloria Mayor.

Los placeres son mensajeros de la vida plena que podremos disfrutar con nuestro Creador en Su gloria.

¿Quieres hacerte una idea de cómo será el cielo?

Será como si el exquisito gozo que sentí al leer las páginas de los libros de los Christiansen se detuviera y me abrazara, y me invitara bailar por la eternidad.

Como si la mejor parte de tu canción favorita nunca pasara. sino que ese placer te invadiera para siempre, se detuviera allí en tu ser para llenarte de un éxtasis que apenas puedes contener.

Entonces, “la puerta que hemos estado tocando toda nuestra vida, por fin se abrirá” – C.S. Lewis.


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