*Especial para chicas* Dios y los cambios hormonales

Si estuviésemos en un servicio de Iglesia, yo empenzaría este mensaje así:

“¿Cuántos saben que las mujeres tenemos hormonas?”

Uff. Definitivamente, creo que más de una alzaría la mano.

¿Cómo funcionan exactamente? No tengo idea, pero influyen un montón en nuestro estado de ánimo: todas vivimos días “hormonalmente buenos” y, más frecuentemente, días “hormonalmente malos”, jeje.

¿Qué tiene esto que ver con nuestra relación con Dios? Al principio, uno diría que nada… pero la afecta un montón.

Me di cuenta una vez que estaba teniendo mi tiempo devocional (tú sabes, cuando oras, lees la Biblia y eso); los días anteriores a ese momento, había sentido una tenido una gran desconexión con Dios, cero ganas de pasar tiempo con Él… sin embargo, ese día en particular, ¡me ocurría todo lo contrario! Estaba feliz. Deseosa de hablar con mi Padre Celestial. Lista para aprender.

Entonces, pensé, “¿por qué hoy es tan diferente a los días anteriores?”. Ahí caí en cuenta de que mis días “hormonalmente malos” acababan de pasar, por lo tanto, mi humor había mejorado y hasta estaba siendo amable con todos otra vez.

No diré que es un patrón o una regla infalible, pero creo que puedo decir sin termor a equivocarme que nuestro estado hormonal afecta nuestro estado de ánimo y, a su vez, nuestro estado de ánimo afecta el modo en que nos relacionamos con otros: Dios incluido.

¿Cuál es la consecuencia de todo esto?

Día hormonalmente bueno = “¡Dios me ama! Soy feliz porque Él está conmigo. ¡Este es el día que me ha regalado el Señor! ¡Me alegraré y me gozaré!”

Día hormonalmente malo = “Dios, ¿por qué no te siento cerca? Soy una vil pecadora que no merece nada de ti”

Nuestras emociones influyen en nuestra percepción del Señor. Las mujeres, que nos sentimos de 100 formas diferentes acerca de una misma cosa en la misma semana, somos especialmente afectadas por esto.

¿Cuál es la solución? No hay solución.

Las mujeres seguiremos siendo mujeres.

Mientras vivamos en este mundo, seguiremos teniendo días hormonalmente buenos y días hormonalmente malos.

Sin embargo, esto me ha ayudado a entender que no puedo confiar en mis emociones para saber cómo estoy con Dios porque ¡cambian demasiado! La información que me proporcionan acerca de Él muchas (muchas) veces no es real y varía con demasiada frecuencia (hoy me quiere, mañana no – what?).

Dios quiere que mi relación con Él esté fundamentada en algo más grande, más sólido que un arrebato emocional (bueno o malo). Su amor no sufre modificaciones a lo largo del mes. Él es una roca firme, grande, inconmovible.

Quizás cuando tus emociones afirmen lo contrario, puedes decir en voz alta: me siento así, pero no es así.

Simplemente, porque esa es la verdad.


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