Voy a olvidarme de mí

Cuando nos decimos a soñar e ir con el corazón tras los objetivos que nos hemos planteado, es muy fácil olvidarnos de Dios en el camino.

Estamos tan concentrados en buscar por todos los medios lo que queremos, que en el proceso desviamos la mirada de nuestro Padre Celestial y la mantenemos fija en ese proyecto, que puede ser un ministerio, un trabajo, dinero, más dinero, un negocio, una familia, un carro, una casa, una boda, un hijo…

Sin embargo, qué vacío es ese camino sin Dios. Quizás logramos cada vez más, damos pasos hacia adelante, superamos obstáculos, pero a la larga no se siente tan bien. Descuidar nuestra relación con Él, incluso para algo tan noble como alcanzar sueños en Su nombre, te puede secar el alma.

Ciertamente, yo he estado en ese lugar muchas más veces de las que me gustaría admitir; y, si te pareces un poco a mí, en ocasiones el afán por asir las promesas y los sueños de Dios, te hacen olvidar al Dador del sueño… y todo pierde sentido.

Hay una canción de Carlos Vives llamada “Voy a olvidarme de mí”, que usualmente viene a mi memoria cuando me doy cuenta de que estoy atravesando un momento como ese.

Hay una parte de la letra que refleja exactamente lo que quiero decirle al Señor; básicamente, según entiendo, fue escrita con la idea de un hombre que en un sentido abandonó a su esposa por perseguir sus sueños de grandeza, y luego se arrepiente porque, aunque consiguió todo lo que quería, no le hacía tan feliz como pensó; en ese punto, lo único que realmente anhelaba era simplemente compartir la vida con su otra mitad.

Dejó de importarle el dinero, el poder, los viajes… ahora, solo quería la dulce compañía de su esposa. Mira lo que le dice: 

Que no me importa si la casa es grande, si me voy de viaje
que el negocio es bueno, si ese era mi sueño
si el carro que tengo corre a más de mil

En términos generales le dijo, “ya no importa más nada. ¿Te acuerdas de mi sueño? ¿Por el que todas las noches trabajaba sin parar? ¡No me sirve! Te quiero a ti”.

“¿Te acuerdas del dinero que buscaba? Lo tuve y descubrí ‘que al final del cuento… nada tengo si no estás aquí’”.

La primera vez que eso me pasó, me inspiré en esta canción e hice algo especial para reconciliarme con Dios. Fíjate en cómo el esposo planea ganarse de vuelta a la esposa: 

Voy a sentarme y a tender la cama
Voy a ponerme mi mejor vestido…
Voy a sentarme al frente de la calle
Para esperar a ver si tú regresas

Un día me arreglé con mi mejor ropa, me maquillé, me eché mi mejor perfume, y lo fui a buscar. Cerré la puerta y con lágrimas le pedí perdón al Señor, le dije que no quería nada si no lo podía compartir con Él, que fui tonta al ignorarlo en mi afán por lograr el mundo, y le pedí que bailara conmigo otra vez.

Él aceptó.

Obviamente, tú no tienes que hacerlo de esa misma manera; pero, si al igual que yo has trabajado por tus sueños y dejado a un lado a Dios en el camino, quiero que sepas que es humano, nos pasa a todos; la buena noticia es que Él no nos dejará esperando en la calle por siempre, si le buscamos otra vez, nos aceptará y la vida podrá ser dulce otra vez.

Entonces,  entenderemos que los sueños son importantes, pero que el Dador de los Sueños es toda la razón por la que vale la pena conseguirlos.


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