Todo o nada

El que no está conmigo, está contra mí;
y el que no recoge conmigo, desparrama.

Mateo 12:30

 

Dado que la mayoría de nosotros, los latinos, nacimos en una cultura cristianizada, seguimos muchas costumbres cristianas por inercia: oramos por los alimentos, vamos a la Iglesia de vez en cuando y decimos “estoy bien, gracias a Dios”. Eso es normal porque así nos criaron.

Luego, crecemos y esa Fe que nos inculcaron de niños parece cada vez menos relevante en medio de las luchas del mundo adulto; no es que dejamos de creer en Dios, es solo que no lo involucramos en todo lo que hacemos. Le pedimos ocasionalmente que nos ayude y le damos gracias por los favores concedidos, ponemos en Sus manos nuestros planes y vemos películas de Jesús en Semana Santa (bueno, a veces).

Así está bien. Creemos en Dios, sí, tal como nos enseñaron de niños, pero no somos fanáticos del asunto, no hace falta serlo para estar bien con Él.

Si ese es tu modo de pensar justo ahora, estás en la misma posición que muchos, incluso yo estuve ahí… pero, tienes que admitirlo: es un problema.

Cuando hablamos de nuestra Fe en Jesús, o vivimos por ella o no. No hay medias tintas en esto. Si creemos en Él, debemos andar como Él anduvo.

Eso de “creo… pero, no es como que voy a estar leyendo la Biblia o yendo a la Iglesia de cada rato”, no tiene ningún sentido. O somos cristianos o no. Y si creemos, seguirle y hacer las cosas a Su manera es la única opción que tenemos… a menos que no creamos.

¿Fue un trabalenguas? Déjame intentarlo otra vez:

Si Dios no es real y Su palabra es mentira, no vale la pena ni que veamos películas de Jesús en Semana Santa. ¿Para qué? No sirve de nada que le prestemos ni el más mínimo grado de atención, no lo merece; pero, si es real, las implicaciones son tan grandes que no debería haber algo más importante en nuestras vidas que Él. Dios debería ser el centro de todo.

Nos engañamos a nosotros mismos si hacemos un poquito de cristianos, pero no nos entregamos por completo a serlo de corazón. ¿Cuál es el propósito? De ese modo, no somos ni buenos creyentes ni ateos decentes.

Tarde o temprano todos tenemos que tomar una decisión: creemos en Jesús o no. Le seguimos o no le seguimos. Nada de “mucho pero no demasiado”. O somos cristianos o no lo somos.

Ahora bien, si decidimos serlo, tomar en cuenta a Dios en todo lo que hacemos, buscar de Él, ir a la Iglesia tendría que ser parte de tu rutina, porque eso hacen los creyentes.

Las escrituras son tan claras acerca de lo que significa seguir a Jesús que no deja lugar para vivirlo a medias. Es todo o nada. Y la elección es nuestra.

Así que indaguemos, preguntemos, consultemos, y escojamos bien el camino que queremos seguir… porque demanda todo de nosotros.

 

“Si el cristianismo es falso, no tiene importancia,
si es verdadero, es de infinita importancia”.

C.S. Lewis


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