Editas como escribes

“Muchos editores son escritores fracasados…”

T.S. Eliot

Hace unos meses comencé mi trabajo como editora de textos, ya sabes, reviso lo que otro escribió y corrijo sus fallas para lograr un mejor resultado.

Siempre me ha gustado escribir, pero esto de editar ha sido una experiencia nueva, desafiante, enriquecedora y, en ocasiones, aterradora.

Entre algunas lecciones que he aprendido, una de las principales ha sido que, aunque el trabajo de edición tiene su aspecto lógico, frío y calculador, también tiene su lado (muy) subjetivo.

Es fácil poner un acento donde corresponde, añadir una coma o quitar una mayúscula porque hay reglas para eso; pero, luego de que hacemos todo eso, entramos en la parte en la que el editor dice cosas como: “creo que esto sonaría mejor si…”, “pienso que esa palabra se oye mal…”, “esta frase me parece complicada”.

Usualmente, son opiniones del editor basadas en cómo él hubiese dicho las cosas. En esos casos, el trabajo del escritor no está mal; pero, dado que el editor habría usado otras palabras/estructura/loquesea, su instinto natural es hacer cambios.

De ahí aprendí esta verdad universal en el mundo de la redacción:

Editas como escribes

Sin embargo, creo que esa verdad transciende los límites de la palabra escrita y aplica a nuestra cotidianidad más de lo que pensamos.

Por ejemplo, cuando juzgamos a otros, muchas veces condenamos sus acciones no porque estén mal, sino porque nosotros lo hubiésemos hecho (o lo hicimos) distinto… y, si lo piensas bien, eso es un argumento terrible para criticar a alguien.

La gente no está obligada a seguir nuestras fórmulas de 1) qué estudiar 2) cuándo casarnos 3) dónde trabajar 4) qué metas lograr 5) qué pasatiempos tener 6) cómo actuar ante determinada oportunidad.

Así como mi trabajo como editora no es lograr que el escritor escriba como yo, sino que sea el mejor redactor posible en su estilo particular; así nuestra labor como amigos/padres/familiares es ayudar a otros a que las páginas de su vida estén escritas lo mejor posible, pero no intentar escribirlas por ellos, porque para eso tenemos nuestras propias vidas.

En mis textos, escribo como yo quiero, pero cuando se trata de la redacción de otro, hay aspectos que debo respetar. Por eso, cuando quiero cambiar algo, usualmente me detengo un momento y pienso: “¿esto realmente está mal o solo me parece mal porque yo lo habría hecho diferente?”. Te presto esa pregunta para esos casos en que estés a punto de criticar a otro… quizás te ayude tanto como a mí.


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