Lo que “Buscando a Nemo” me enseñó acerca de la fe

“Buscando a Nemo” es una de esas raras joyas cinematográficas que puedo ver varias veces y aun así disfrutarla inmensamente.

¿Se trata de Dory y su incapacidad para decir “Nemo”?

¿Es acaso la escena de las tortugas “buena onda” en su paso por la Corriente Australiana Oriental?

¿Vuelvo solo porque quiero ver a Dory tratando de asimilar que “los peces son amigos, no comida”?

No estoy segura, quizá solo sea una combinación de eso y más.

Sin embargo, cuando creía que ya lo había visto todo de ella, esta película me sorprendió con una lección de vida en la que no había pensado antes.

nemo-2-mi-baile-perfectoLa hallé en la famosísima escena en que Marlín y Dory se encuentran con una ballena; Dory le pide indicaciones para llegar a Sidney (donde se encuentra Nemo), a pesar de que Marlín no lo aprueba del todo.

La ballena responde con sonidos indescifrables, así que no sabemos si realmente entendió el mensaje; de repente, se lleva a nuestros héroes a la boca y parece que la aventura llegó a su fin.

Pero, no fue así.

Pronto vemos a Marlín y a Dory en la boca de la ballena, con más preguntas que respuestas acerca de lo que sucede y acerca de las verdaderas intenciones de este gran mamífero.

Luego de un rato, se oyen los sonidos característicos de la ballena y, en sus mejores dotes de intérprete, Dory descubre que quiere que se ubiquen detrás de la garganta.

Marlín hace su análisis en segundos: quiere comernos.

Como no se mueven, la ballena ejerce presión y les comienza a quitar el agua que los mantiene con vida en su boca, es decir, los obliga a actuar. ¡Ya!

Dado que todavía se resisten, el cetáceo pone su lengua en posición vertical para hacerlos caer.

En un último intento para sobrevivir, Marlín y Dory se aferran a la lengua de la ballena, pero Dory se suelta y Marlín la agarra por una aleta. Entonces, ocurre algo increíble, un diálogo que nos muestra la Fe en su forma más pura:

Dory: (la ballena) dice que es tiempo de seguir, todo va a estar bien.

Nemo: ¿cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que no va a pasar nada malo?

Dory: …no sé.


nemo-mi-baile-perfectoAhí, Marlín lucha contra sí mismo, contra su lógica, contra toda razón y en última instancia se deja ir… No tiene los “cómos” ni los “porqués” resueltos, pero se aventura a lo desconocido de todos modos.

Al final, descubre que la ballena los había llevado todo el camino hasta Sidney.

¿Qué tiene esto que ver con nosotros? ¡De todo! Tarde o temprano, tú y yo también nos encontraremos en esa misma posición: aferrados a nuestras ideas, a lo que entendemos y podemos controlar, solo porque confiar en Dios significa dar un paso sin tener todas las respuestas.

¿Es difícil? Si eres como Dory, no; pero si eres como Marlín y yo, seguro tendrás que pelear contigo mismo por un rato.

Sin embargo, la promesa es esta: lo que está al otro lado de la garganta es mejor que el lugar al que estamos aferrados ahorita.

Quizá, al igual que nuestros protagonistas, no podamos entender cada detalle detrás de las instrucciones que Él nos da, pero podemos dar un paso de Fe y confiar en que nuestro Padre Celestial no nos llevará a un lugar donde Él no pueda cuidarnos.

Hoy puede que las palabras de Dory sean las mimas que Dios te dice a ti: ¡es tiempo de soltar tu lógica, tus ideas; es tiempo de confiar a Mí y seguir! Todo va a estar bien.

La mente pregunta: ¿cómo sabes que no va a pasar nada malo?

Mi corazón responde: no sé.

Pero ¡aquí vamos de todos modos!

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