Dios puede contigo

1¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario?
    ¿Quién puede vivir en tu santo monte?
Solo el de conducta intachable…

Salmos 15:1-2 

Oh. Oh.

Si leíste bien ese verso, coincidirás conmigo si digo que estamos en serios problemas.

En nuestro interior, creo ya lo sabíamos.

Por eso, cuando nos presentamos delante de Dios, queremos que sea en nuestras mejores condiciones; porque intuimos que, en las peores, no merecemos siquiera que Él nos mire.

Nuestra conducta debe ser intachable; nuestros pensamientos, puros; nuestra fe, perfecta.

Si no, esto no va a funcionar. La realidad de nuestras faltas es un peso imposible de llevar.

Debemos estar resueltos, en orden, para acercarnos a Él.

Venir  “tal cual somos” no podría ser lo que Dios desea realmente, porque “tal cual soy” no es muy agradable.  Francamente, ni siquiera a nosotros nos gusta del todo. A veces, si pudiéramos salir corriendo de nosotros mismos y abandonarnos, con gusto lo haríamos. Con más razón Dios, pensamos.

Incluso si sabemos que no es así; en ocasiones, quizás en muy repetidas ocasiones, lo sentimos así y nos cuesta convencernos de lo contrario.

Me cuesta a mí, al menos.

Por eso, en una ocasión en que atravesé una fuerte crisis de fe, se me hacía muy difícil hablar con Dios.

Había muchas preguntas en mi corazón, dudas e incertidumbre, y pensé lo mismo que cualquiera: Dios no me puede querer así. Ni siquiera yo me quiero así.

Estaba confundida, insegura, asustada. No sabía qué hacer o qué camino tomar.

Sería más sencillo huir. Abandonarlo todo. No seguir.

En ese momento, cuando sentía que desfallecía, Dios puso una frase en mi corazón que renovó mis fuerzas. No era lo que esperaba, pero sí justo lo que necesitaba:

 Yo puedo con la tensión

¿Tienes una de idea de lo que eso significa?

Es la más hermosa declaración de amor que pude recibir.

Significa: “yo puedo lidiar con esto que estás pasando. Yo puedo ser paciente y vivir esto contigo. No tienes que hacerme a un lado; puedo sentarme aquí contigo y escuchar tus preguntas y sentir tus ganas de abandonarlo todo”.

“Yo puedo con eso”.

“Yo puedo contigo y con tus luchas. No tengo que irme solo porque tu conducta no es intachable”.

“No tengo que dejarte y solo recogerte cuando estés arreglada”.

“Puedo quedarme contigo, con tu fe imperfecta, con tus gritos, con tu incertidumbre. Con todo”.

Eso es verdad porque Jesús ya vivió la conducta intachable que nosotros no podemos; por tanto, somos libres de acercarnos a Dios “tal cual somos” y permitir que Él nos acompañe a pesar de nuestra imperfección.

No tenemos que alejarnos. Él puede con nosotros. Con lo bueno, lo malo y lo horrible.

Creo que justo por eso los cristianos insistimos en llamar esto de la Fe “buenas noticias”. Son buenas en verdad.


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