De paseos y la presión de cambiar el mundo

 “Allie”, dijo con su suave y cálido tono paternal, “un día vas a morir”.

Lo miré confundida.

“Y vas a llegar a las puertas del cielo y Jesús va a salir a tu encuentro allí. Te va a dar la bienvenida, te tomará de la mano y te dirá: ‘Allie, de verdad hiciste mucho por mí. Constantemente saliste, constantemente serviste y constantemente trabajaste. Lo vi. Gracias por eso’.

‘Pero ahora es mi turno, Allie. Ahora quiero que hagas algo que he querido hacer contigo hace mucho mucho tiempo… Vamos a dar un paseo’”.

Twenty-Two (Veintidós)

Respira.

Inhala. Exhala.

Otra vez.

Hace algún tiempo escuché una canción de Audrey Assad que dice “¿por qué a veces es fácil trabajar, pero difícil descansar?”.

En mi caso, creo que sé la respuesta.

Me di cuenta esta última semana cuando estuve haciendo lo imposible por finalmente comprar una cámara para mi canal; hasta hace poco, estuve utilizando mi Ipad para grabar, la cual me ayudó mucho, pero, bueno, no es una cámara profesional y me resultaba frustrante.

“Así empiezan todos”, dicen todos. “Poco a poco irás mejorando”.

Es verdad; sin embargo, ver que no contaba con equipos de calidad me molestaba/deprimía un poco-bastante.

Entonces, trabajé sin descanso. Comencé a buscar todas las formas de mejorar. Literalmente, me he agotado día y noche tratando de lograr videos de calidad.

Desde afuera, tú podrías decir “está luchando por sus sueños”; pero, se sentía más como que me estaba matando por ellos. En palabras de mi amiga Macsy, le estaba quitando todo el gozo a Dancing Words.

Por un tiempo, dejó de ser divertido. Dejó de ser edificante. Creo que hasta dejó de ser para Dios en ocasiones.

No le echaré la culpa de todo al mundo en que vivo, pero de verdad creo que tiene su buena cuota de responsabilidad.

Desde pequeños, ponen sobre nuestros hombros la enorme carga de ser “grandes” e “importantes”. Aunque, claro, si eres cristiano, basta con que solo “impactes a tu generación” y seas una gran influencia en “las naciones de la tierra”; lo cual, wow, es bastante.

El punto es que me he estado acuchillando las neuronas tratando de encontrar los recursos, el tiempo y las ideas para lograr los sueños que Dios ha puesto en mi corazón y así cumplir con el sublime y noble llamado de cambiar el mundo.

Pero, en serio, es agotador.

Lo sorprendente es que realmente pienso que mi Padre Celestial no espera eso de mí, tú sabes, eso de “cambiar el mundo”. Por alguna razón, a veces olvido que Dios no me quiere “exitosa”, me quiere feliz y con Él, solo en caso de que no pueda con ambas cosas.

Un día me voy a morir, y quizás cuando llegue a las puertas del cielo, Jesús me diga: “Natacha, de verdad hiciste mucho por mí. Lo vi. Gracias por eso… Ahora quiero que hagas algo que he querido hacer contigo hace mucho mucho tiempo… Vamos a dar un paseo”.

Entonces, yo, con lo obstinada que soy, seguro le diré: “el mundo no se cambia dando paseos, Jesús”.

Y Él me responderá: “¡por supuesto que sí! ¿Cómo creías que se hacía?”.LOGO-FONDO-TRANSPARENTE


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