“¿Y a qué edad piensas casarte?”

“¿Y a qué edad piensas casarte?”.

Tic. Toc.

“Mira que los hijos no se pueden tener muy tarde”.

 “A tu edad, ya tu primo andaba con 2 hijos encima”.

Tic. Toc.

“Ya deberías ir pensando en tener tu familia”.

Tic. Toc.

Tic. Toc.

Le llaman reloj biológico.

Se supone que marca en tu vida los momentos en que debes cumplir con la responsabilidad orgánica de  juntarte con otro de tu misma especie y reproducirte.

Todos lo tenemos, pero, solo en caso de que el tuyo no esté funcionando apropiadamente o no te presione con suficiente intensidad, familiares y amigos a tu alrededor te recordarán el tiempo que está marcando con el mismo entusiasmo que vemos en el conejo de “Alicia en el País de las Maravillas”.

“No deberías esperar mucho más. Los embarazos se complican con la edad…”.

Sentimos la presión del “tic toc” con cada anuncio de boda y con cada foto en Instagram de los bebés de nuestros compañeros del colegio.

Y ocasiones especiales como el “Día del Amor y la Amistad” pueden dejarte con los nervios de punta.

Tic. Toc.

La presión es real, sin embargo, hablamos de una situación sobre la cual no tenemos suficiente control y que, en realidad, no deberíamos querer controlar demasiado.

Las relaciones sentimentales y la sublime misión de multiplicarse deberían tomarse con calma, porque son un asunto bastante serio, que afecta todo lo que somos.

(Aunque las personas a tu alrededor quieren que acabes con esto de una vez por todas).

Ahora bien, hace unas semanas estaba en un servicio en mi Iglesia y, durante el tiempo adoración, creo que Dios tocó mi corazón de un modo especial respecto a este asunto.

En el momento, no era un tema que me tuviese especialmente preocupada, pero creo que nuestro Padre Celestial nos equipa para las tormentas por venir.

Con fuerza sentí cómo se imprimía en mi corazón esta premisa: “No te conformes”. Al principio me pareció muy extraño porque te prometo que ese no era el tema de la alabanza que estábamos cantando, pero me ha llenado de mucha paz.

Como si Dios me susurrara en el interior: “No te conformes con lo que haya delante de tus ojos solo porque crees que nunca podría llegar algo mejor. Espera por lo mejor. Espera todo lo que tengas que esperar por lo mejor”.

En la carrera contra el reloj biológico, apresurarse, afanarse y conformarse puede ser tan sencillo. Preguntas indiscretas, incomodidad y la terrible sensación de no tener respuestas claras para ofrecerles a los demás resultan agobiantes en ocasiones.

Pero, creo que mi Padre Celestial me ha indicado un camino claro lleno de expectativa, y ha puesto en mi corazón el deseo de esperar pacientemente aunque a mi alrededor todos griten que correr es lo que debería estar haciendo.

En lo que respecta a amor y descendencia, voy a esperar. No voy a conformarme, incluso si el reloj biológico no para de sonar. Esperaré por lo mejor.

“¿Y qué edad piensas tener tus hijos?”.

Tic. Toc.

Te prometo que justo ahora no lo sé, pero, sea como sea que resulte al final, creo que miraré hacia atrás y podré decir: “Sí, valió la pena esperar”.

Natacha Ramos


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