Creo que se me olvidó

A veces pienso que es un asunto del idioma.

Al menos, en más de una ocasión he escuchado que tenemos una personalidad distinta en cada lenguaje.

Según esta teoría, no soy la misma cuando hablo inglés que cuando hablo español. Quizás escribo un poco diferente también.

Esta no era una idea recurrente en mi mente hasta hace unas semanas.

Cuando estaba en Venezuela, anhelando con todo el corazón poder venir al seminario de Dallas, para mí DTS se sentía como un próximo paso. Si bien ya había estado predicando, enseñando y escribiendo en mi país, tenía perfecto sentido en mi cabeza capacitarme para hacerlo mejor.

Luego, llegué aquí.

El seminario es un lugar increíble para aprender. Todo el tiempo están invirtiendo en ti. Sin embargo, tantas actividades pueden absorberte de una manera tal que pierdes conciencia de lo demás, incluyendo el propósito por el que estás aquí.

Es decir, puedo concentrarme tanto en hacer el bosquejo de un libro de la Biblia que no recuerdo para qué es que quería aprender a hacer eso en primer lugar.

Un día me detuve y caí en cuenta de que no me acordaba de cómo era yo hace unos meses, de cómo es que esto empezó, de por qué quería estudiar. Porque mi vida ahora es tan distinta, todo lo que era antes de venir no parece una continuación, sino una realidad alterna; no parece el “próximo paso”, porque a veces olvido cómo es la escalera, solo veo el escalón en el que estoy. Parece una experiencia aislada, en vez de otra parte del mismo camino.

Me cuestiono si acaso soy la misma persona que era, aunque no esté en el mismo lugar que estaba; y si los sueños que eran tan reales en Venezuela, todavía aplican para mí aquí. Todo lo que veía tan claro hace unas semanas, en ocasiones parece un recuerdo nada más.

Por eso en oración le dije a Dios: “Señor, creo que se me olvidó“.

Es como si me estuviera conociendo a mí misma otra vez, y como si Dios y yo empezáramos de cero y tuviéramos que aprender a relacionarnos en un contexto totalmente nuevo, donde las personas adoran muy diferente y donde no sé bien cómo encajo o quién soy.

Quizás por esa misma razón, Él ha estado tan presente en mi vida estos meses, y con tanta claridad, como si se estuviera dándose a conocer otra vez para que yo sepa que Él es el mismo y que entre nosotros nada cambió.

De hecho, en medio de todo esto que he pensado y sentido, pasó algo que le hizo bien a mi corazón. Asistí a una noche de alabanza en español en una iglesia de la ciudad; participaron adoradores bien conocidos para mí (Christine D´Clario, Daniel Calveti, Lilly Goodman, Julissa y Coalo Zamorano). Al escucharlos cantar, se sintió como… como la alabanza siempre se ha sentido para mí. Adoré como siempre lo he hecho, y fue bueno para mí.

Entonces, le dije a Dios: “Sí, Señor, ya me acuerdo”.

Fue maravilloso. Recordar. Sentir que, en el fondo, lo que era cierto sobre Dios y sobre mí, sigue siendo cierto aquí.

Creo que la experiencia de descubrirse a uno mismo de nuevo es común para todos los que dejan atrás el lugar donde crecieron, especialmente si debes hablar en un idioma diferente también.

Por eso, siempre es bueno saber que, sin importar donde estemos, Dios no cambia. Él permanece fiel en tanto encontramos cómo encaja nuestra historia en este nuevo escalón.


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