Una cuestión de género

ATENCIÓN: si no has visto “On the Basis of Sex” (La voz de la igualdad) y no quieres spoilers, quizás debas venir después, porque aquí encontrarás algunos (pero no demasiados).

“La discriminación por género es legal” y eso era un problema para Ruth Bade Gingsburg.

En la película On the Basis of Sex (La voz de la igualdad), conocemos a Ruth, una abogada extremadamente inteligente, especializada en el área de la discriminación de género. Ella recibe el caso de Charles Moritz, un señor a quien le fue negada una deducción en sus impuestos solo por ser hombre.

De acuerdo con la ley estadounidense, si una mujer debía contratar a una enfermera para ayudar con el cuidado de su madre inválida, este monto podía deducirse del pago de sus impuestos. Es decir, el dinero destinado para la enfermera debía contar como parte del pago.

La ley permitía esto en el caso de mujeres, viudas y hombres divorciados o con una esposa incapacitada; la ley no amparaba a hombres que nunca se hubieran casado porque a los redactores de estas leyes no les pareció necesario incluirlos. Nunca se les ocurrió que un hombre se dedicaría al cuidado de una madre enferma. Esto es algo “de mujeres”.

A Moritz le negaron la deducción porque estaba haciendo algo que nunca se esperó que un hombre haría. Por tanto, se trata de un caso de discriminación ¡avalado por la ley!

Entonces, Ruth Bade Gingsburg decide hacerse cargo de la defensa de Moritz. En el proceso, le ofrecen devolverle al hombre el dinero adicional que su cliente tuvo que pagar en sus impuestos con tal de no llevar el caso a la corte. Sin embargo, para ellos no era solo un asunto de dinero.

La ley estaba equivocada. Debían arreglar ese error.

Si aceptaban el dinero y ya, en el futuro otros deberían enfrentar un problema similar. Por eso, prefirieron llevar el caso al siguiente nivel.

Aunque hay muchísimas cosas que me maravillan de esta película, una de las que más me marcó es la importancia de alzar la voz ante la injusticia. El caso parecía insignificante: solo involucraba unos cuantos dólares que al final Moritz pudo haber recuperado sin tanta complicación.

No obstante, había más en juego que el beneficio personal. La justicia y la igualdad eran más importantes que el dinero de la deducción.

Así es como esto aplica para nosotros: en la vida, tú y yo también nos encontraremos en situaciones como esta. Estaremos en presencia de males aparentemente pequeños. Parecerá que no hacen ninguna diferencia y que no vale la pena involucrarse. Sin embargo, otros han estado esperando por alguien que decida enfrentarlos.

Nuestra voz y nuestras fuerzas son armas poderosas. No sugiero que vayamos por la vida peleando por todo; pero, de vez en cuando, estaremos en circunstancias que merecen esa voz.

Ruth Bade Gingsburg luchó para que se reconociera que su cliente no había hecho nada malo. Devolverle el dinero no era un favor, ¡era justicia!

Quedarnos callados es cómodo y seguro. Hacer de cuenta que no vimos lo que vimos parece mejor. Evitar conflictos es más sencillo. Pero, a veces no se trata de lo que es sencillo, sino de lo que es correcto.

Levantarse y decir “esto está mal” requiere mucho valor, sobre todo si nadie lo ha dicho antes. Sin embargo, cuando decidimos hacerlo, le prestamos un poco de valentía a los demás para hacer lo mismo.

Esta generación se ha beneficiado porque Ruth creyó con el alma que estaba batalla merecía librarse. Escojamos con sabiduría las nuestras y regalémosles a otros un mundo que sea vea mejor que como lo encontramos.

Natacha Ramos


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