Un reino para mí

“Oro que se diga de mi vida que hice más por Tu renombre que por el mío”.

Kari Jobe

Ser estudiante de seminario, es decir, pasar tus días y tus horas preparándote para hablar a otros de Dios, debe de percibirse como uno de los trabajos más nobles del mundo.

Sin embargo, como todas las cosas buenas y puras en el mundo, los seres humanos somos capaces de corromperlas y transformarlas en algo que no debe ser.

Mientras estudio acerca de Dios y de Su palabra, tengo muy presentes los sueños que hay en mí, esos que gritan que debo hacer algo GRANDE para Él. De alguna forma, una parte de mí quiere validar mi decisión de venir aquí haciendo impresionante.

Sobre todo, en un sitio como Estados Unidos esto es bastante común. Aquí los predicadores son famosos. Los cantantes cristianos llenan grandes estadios. Los autores llegan a las listas de los más vendidos. Ser GRANDE y FAMOSO son logros alcanzables en el mundo cristiano.

Por eso, pienso que, de una u otra forma, todos soñamos con ser populares y reconocidos en esta esquina que nos corresponde. “Construir nuestro propio reino” es como le dicen aquí.

Aunque esta no es una confesión común dentro de las paredes del seminario, creo que es fácil para cualquiera nosotros buscar nuestro propio renombre, porque hay opciones para hacerlo:

  • Saca las mejores notas
  • Gana un reconocimiento por tu servicio a la comunidad
  • Consigue trabajo en una iglesia importante
  • Ve como misionero a un país impresionante
  • Escribe una canción que todas las iglesias quieren cantar
  • Escribe un post que todos quieran leer

Pero, para la mayoría de los cristianos que conozco, la realidad es un poco distinta.

Servir a Dios no tiene nada que ver con plataformas multitudinarias. Servir simplemente significa levantarse muy temprano el domingo en la mañana y llegar a tu casa por la tarde. Aconsejar a varias personas en el trabajo. Orar por tu amigo que tiene un problema. Pasar horas en la semana preparando un mensaje para la célula a la que solo llegaron 5 personas.

Dedicar todo el sábado a ensayar las canciones del día siguiente. Hacer las diapositivas del momento de oración. Creer por la sanidad de alguien enfermo. Reír con el que ríe mientras por dentro tú lloras un poco. Llorar con el que llora, aunque tienes muchas cosas por hacer.

Y eso es todo.

Eso es el ministerio.

Eso es servir.

No hay premios. No es noticia. No impresiona mucho. No parece GRANDE. Pero, creo que de eso se trata.

En una oportunidad, uno de mis profesores preguntó: “¿Qué creemos que somos? ¿Superestrellas? Estamos aquí para servir”. Lo dijo como reconociendo que no hay nada más incompatible para nuestro servicio a Dios que esas ganas de querer ser grandiosos a los ojos de los demás.

He tenido eso en mi cabeza desde entonces. A veces me detengo y pienso: “Natacha, tú no eres una superestrella. Tú estás aquí para servir”.

La causa a la que sirvo es la que es grande e impresionante. Mi Dios es el grandioso. Y es mi oración que eso siempre sea más que suficiente para mí.

Natacha Ramos

4 Replies to “Un reino para mí”

  1. Amén ! Es bueno saberlo…ministra mi vida y me hace mejor cada día …gracias por esa palabra Naty es edificante…sea la gloría para nuestro DIOS!
    DIOS te bendiga mi amada….te abrazo!

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